Fahrenheit 451
“La temperatura a la que arde el papel”…
Leí la novela de Ray Bradbury en el ya lejano 1993, cuando cursé el Curso Integrado de Humanidades bajo la modalidad de Seminario Participativo, sí, hace 33 años…
Hoy temprano, mientras me alistaba para ir a la formación de Pastoral Social vino, recurrentemente a mi memoria la trama del libro: quemar los libros para impedir el acceso al conocimiento y el pensamiento crítico… y también vino a mi memoria aquella frase kantiana “Sapere Aude” (que algunos traducen al castellano como “Atrévete a pensar”).
Atreverse a pensar parece ser una acción escasa, pero más que una acción es una orientación de vida, porque implica: hacerle preguntas a los datos, sospechar de todo, prestar atención a los detalles y otras tantas tareas más que sobre todo requieren tiempo; que en esta época de rapidación de la vida cotidiana, como dijo el papa Francisco, resulta escaso.
Atrévete a pensar requiere de abrir la vida toda y con ello también abrir bien nuestros ojos. En los últimos días las alusiones a los ojos abiertos han sido muchas y las he visto en opiniones de conocidos y extraños, eso me hizo pensar en la narración del ciego de nacimiento en el evangelio según San Juan y en aquella frase que le soltaba Jesús a los fariseos, donde recrimina su “falta de vista”, aunque creen ver (tener los ojos abiertos puede enceguecernos): “ Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece”.
Pues bien, atrévete a pensar, tener pensamiento crítico es, muchas veces, no asimilarse sin más al común, cosa que hoy nos hará contraculturales y por tanto diferentes… ¿no es de eso de lo que se trata ser discípulo de Jesús?

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