“Todo está conectado”. La antropología relacional en Laudato Si’ y la vida cotidiana.



Vivimos unas realidades personales y sociales de grandes interconexiones que implican datos, dispositivos, conexiones a redes de información que acortan las distancias geográficas y físicas y que reducen la sensación del paso del tiempo… pero no es solamente a esas interconexiones a las que se refirió el papa Francisco en Laudato Si’ cuando insiste, casi como un estribillo, en que “todo está conectado” (LS 16).

Profundizando en la manera de ver al ser humano (antropología) que se desprende de los relatos bíblicos, nos propuso el papa Francisco, recuperar la armonía y la interrelación del ser humano: consigo mismo, con Dios, con las demás personas y con todas las creaturas. Esa interrelacionalidad armoniosa y amorosa parte del querer de Dios de participarnos de su caridad y de sabernos creados por pura caridad.

En la perspectiva teológica la armonía y la interrelación se ven dañadas por la experiencia del pecado (cfr. Génesis 3) que se profundiza al punto de acabar con el hermano (el relato de Caín y Abel nos lleva a ese punto).

Pero el papa Francisco no solamente hace una lectura teológica sino que nos señala que es una visión del ser humano, que él llamó “antropocentrismo moderno” (la cual hace que las personas nos sintamos dueños de los bienes de la creación), que nos ha conducido a la situación actual no solo en términos ecológicos sino sociales, económicas, políticas, culturales, al punto de señalar que la crisis no es múltiple sino una sola, con diferentes dimensiones. Está integralidad da pie a plantear la necesidad de una ecología integral (que recoge las aportaciones que en materia ecológica la Iglesia ha venido haciendo desde 1891, con Rerum Novarum, hasta nuestros días).

Volvamos a nuestras interconexiones cotidianas, esas donde nos relacionamos por medio de las tecnologías de la información, sus redes y sus aplicaciones, en las cuales experimentamos cercanía y distanciamiento simultáneamente y en las que muchas veces experimentamos alegrías y sufrimientos y pensemos en las maneras que todos tenemos para hacernos prójimos y en las formas que tenemos para no ser prójimos.

Si todo está conectado, la calidad de vida cotidiana depende del talante y de la espiritualidad que animan nuestras maneras de relacionarnos.

Si somos compasivos, misericordiosos,actuamos con empatía y con cuidado en nuestras relaciones con nosotros mismos, con Dios, con las demás personas y con todas las creaturas, estaremos contribuyendo a nuevas formas de ser y de vivir en sociedad.

Si por el contrario somos crueles con nosotros mismos, con las demás personas y creaturas, no podemos pensar en “estar bien con Dios”, porque nuestras relaciones están dañadas y dañando todo en nuestro entorno personal, familiar y social.

Podemos aquí comprender el llamado que nos hizo el papa Francisco al hablar de una ecología integral y en ella a una ecología de la vida cotidiana: “Para que pueda hablarse de un auténtico desarrollo, habrá que asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas. Los escenarios que nos rodean influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y de actuar. A la vez, en nuestra habitación, en nuestra casa, en nuestro lugar de

trabajo y en nuestro barrio, usamos el ambiente para expresar nuestra identidad. Nos esforzamos para adaptarnos al medio y, cuando un ambiente es desordenado, caótico o cargado de contaminación visual y acústica, el exceso de estímulos nos desafía a intentar configurar una identidad integrada y feliz” (LS 147).

Este llamado nos invita a cambiar nuestras maneras de pensar (y de pensarnos), de sentir y de actuar personales y colectivas, esto es a vivir una conversión ecológica, que devuelva la armonía a nuestras maneras de ser y actuar en y con el mundo y sus creaturas… y esa conversión ecológica nos ayudará a humanizar nuestras relaciones y nuestras interconexiones, incluso las mediadas por las tecnologías que hoy puede ser más humanas, más armoniosas, generando verdaderos vínculos de humanidad...




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