"Ecología Integral"
La expresión fue puesta en vigencia por el Papa Francisco, quien en 2015, con su encíclica Laudato Si´, la introdujo en el Magisterio Social, describiéndola como "aquella que une las dimensiones sociales y ambientales" (n.137), para luego dedicar el capítulo IV de dicha encíclica a la cuestión.
Los antecedentes de la expresión "ecología integral" que he podido rastrear me remiten al pensamiento latinoamericano y a los aportes de Hugo Assmann. Posteriormente, un texto de la Comisión Teológica Inernacional, denominado "En busca de una ética universal: nueva perspectiva sobre la ley natural" menciona en el numeral 82: "Una ecología integral debe promover lo que es específicamente humano, valorando el mundo de naturaleza en su integridad física y biológica. En efecto, aunque el hombre como ser moral que busca la verdad y el bien último trasciende su entorno inmediato, esto lo hace aceptando la misión especial de vigilar el mundo natural y de vivir en armonía con él, con la misión de defender los valores vitales sin los cuales ni la vida humana ni la biosfera de este planeta pueden mantenerse[77]. Esta ecología integral interpela a cada ser humano y a cada comunidad para que asuma una nueva responsabilidad. Es inseparable de una orientación política global respetuosa de las exigencias de la ley natural".
Al abordar la expresión en el capítulo IV de Laudato Si´ el papa Francisco señala que las dimensiones claves son: la ecología ambiental, la ecología económica, la ecología social, la ecología cultural, la ecología de la vida cotidiana, la ecología humana y la ecología espiritual, de tal manera que la protección ambiental es inseparable de la justicia social, el desarrollo económico y la lucha contra la pobreza, pues no son dos crisis separadas, sino una sola crisis socio-ambiental, lo que implica, además, defender no solo el patrimonio natural, sino el patrimonio histórico, artístico y cultural, junto con la identidad de cada territorio y los modos de habitar de los pueblos, mejorando la calidad de vida en los entornos urbanos y rurales, incluyendo la vivienda, el transporte y el diseño de espacios públicos para fomentar la convivencia, de tal forma que se reconoce la centralidad de la persona humana, la dignidad y el valor de cada criatura, promoviendo la equidad y la solidaridad, y abriéndose al misterio de la Creación, reconociendo la conexión con el Creador, lo que fomenta una mirada ética de corresponsabilidad y cuidado de la "casa común".
Como podemos ver lo de la integralidad no es un "simple adjetivo", sino que supone una conversión de nuestras maneras de producir, consumir, disponer los desechos y vincularnos con Dios, con las personas, con nosotros mismos y con la creación entera y también apunta a los distintos ámbitos donde la vida se despliega.
Una de mis inquietudes sobre la expresión ecología integral se relaciona con la recepción intraeclesial de la misma, pues no es un secreto que la encíclica Laudato Si´ hizo más resonancias en los afueras de la Iglesia que en sus adentros. Basta con ver, con calma, las iniciativas y procesos pastorales que promueven el desarrollo en clave de cuidado de la creación para darnos cuenta que somos pocos los que hemos comprendido la cuestión ecológica como una desafiante realidad para ser creyentes.


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