Feliz Año
Esas expresiones encierran más que la felicidad simplemente y sintetizan buenos deseos, anhelos y sueños, además del bienestar personal, familiar y colectivo que añoramos perdure cada día del año que comienza. Quienes somos creyentes -uso la palabra en sentido amplio, pensando en ese 96% de la población costarricense, que según las encuestas declara creer- añadimos las bendiciones, pensando en su fuente, que se encuentra en el ámbito de lo Sagrado y que muchos de nosotros llamamos Dios.
Además de los buenos deseos (válidos por sí mismos); pienso que el nuevo año nos reta a plantearnos una revisión de nuestras maneras de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás hombres y mujeres, con las demás creaturas y con Dios, porque buena parte de lo que resumimos al decirnos “Feliz Año -Nuevo-“ pasa por la convivencia y los tiempos y espacios compartidos.
El Año Nuevo es un conjunto de oportunidades para ser: para ser con los otros aproximándonos y con la compasión (a la que me referí en otra entrada) ser y hacer más humanos los días de nuestra existencia; para ser capaces de transformar aquello que no deja y no hace posible que las personas busquemos y alcancemos la plenitud -aquí habrá que enfrentar muchas situaciones de injusticia y de carencias que impiden que seamos más plenos-.
Será un “Feliz Año” cada vez que sepamos acompañar y acompañarnos en las situaciones difíciles que nos corresponda vivir, en que sepamos consolar y consolarnos ante los momentos de dolor, en que podamos tratarnos y ser hermanos, pues el camino de la vida, con el pasar del tiempo, se hace acompañado.
Al desear un “Feliz Año” quiero expresar desde lo profundo mi anhelo de que sus vidas sean fructíferas, que se sientan amados por las personas y por Dios, que los días transcurran en paz, como plenitud de vivencias con las demás creaturas, con los hombres y mujeres y con Dios.
¡Feliz Año Nuevo!
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