Transformaciones religiosas




 De niño crecí escuchando a las figuras de la jerarquía católica insistiendo en que, en aquellos tiempos, éramos 95% de católicos en Costa Rica.

Junto a esa imagen, que vista en su conjunto significaba que un 5% se adscribía a otras religiones, se insistía en reforzar la identidad católica como una cuestión monolítica y con poca admisión de divergencias.

Luego siendo seminarista y como consecuencia lógica del proceso formativo fui observando la variabilidad del espectro católico, en el que se admiten múltiples experiencias siempre y cuando se mantenga un “mínimum” (que implica el núcleo de la identidad católica) y eso tiene que ver con las creencias y las prácticas y ritos…

Aunado a esto empiezan a surgir, por un lado, las encuestas que muestran que aquella imagen de infancia no es real pues ya no es un 95% de población católica sino que crecen otras categorías como la de “católicos no practicantes” (que luego mostré que sí practican y mucho) y las de evangélicos (que agrupa a muchos cristianos no católicos aunque no sean evangélicos todos ellos) y las de creyentes sin religión (que a veces se presentaban como ateos, aunque no lo fueran); y por otro los casos de “enredos y escándalo” dentro de las diferentes confesiones religiosas. Ambas situaciones mostraron un panorama religioso cambiante y dinámico que, en aquella época se planteaba como amenaza secularizante y de llegada de un ateísmo a la europea… -esta afirmación aún hoy se realiza en ciertos ambientes con todo y que Europa no es radicalmente atea, ni tampoco Costa Rica-.

Lo cierto es que a nivel religioso nuestro país es, cada vez más plural, lo católico no es un monolito y hay muchas opciones para vivir las experiencias de relación con lo Sagrado, y esas vivencias también son muy variadas: creyentes que viven sus experiencias por cuenta propia, otros que articulan ciertos contenidos con las instituciones religiosas y desarticulan creencias y prácticas en las que no se sienten representados por esas instituciones; otros que siguen creyendo sin referirse a una institución en específico y también quienes siguen los mandatos institucionales con particular apego.

Sigue siendo el ámbito religioso una puerta de entrada para comprender la sociedad en su conjunto y muchos de los hechos sociales que en ella se producen. Prestarle atención a las transformaciones de lo religioso es importante para vislumbrar otros ámbitos sociales y sus cambios, donde las relaciones individuo/sociedad siguen plasmando maneras diferentes de ser y vivir en sociedad.




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