La liturgia como ámbito de comunicación
Los gestos, las palabras, las acciones, los silencios y las cosas no dichas, los signos y los símbolos, a su modo, tratan de expresar la densidad del Misterio, que nos sobrepasa y no lo podemos abarcar.
Luego vinieron los estudios sociológicos y recuerdo al cursar el curso optativo de Sociología de la Comunicación, pasando por las teorías clásicas, la socio semiótica de Umberto Eco y otros se me ampliaron las perspectivas y recuerdo haber hecho el examen final sobre la Misa y la liturgia como acto comunicacional (no conservo el texto); pero en mi memoria guardo las palabras de la docente (hoy colega): “nunca había visto la misa así”.
Pienso que una tarea siempre vigente es ayudarnos a comunicar y comunicarnos en la liturgia pues esa comunicación facilita la comunión de la comunidad de los creyentes y de los creyentes entre sí y con Dios, que como dice la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, es tarea de esa comunidad.
El cuidado en el lenguaje, en los signos y los símbolos para que ellos per se expresen el misterio sagrado es una necesidad y una tarea indispensable, en una época donde, según Byung Chul Han, el exceso de comunicación está desapareciendo los rituales -sociales y religiosos- es conveniente caer en la cuenta que la liturgia comunica y que impulsa comunión.
Termino esta entrada con una anécdota cuyo contexto es la Solemne Vigilia Pascual -la madre de todas las vigilias-, en esa ocasión y antes de procesionar con el Cirio Pascual al iniciar la celebración, el monitor muy solemnemente expresó: “y ahora contemplamos ese Cirio impotente”, evidentemente quiso decir “imponente”, pero no lo hizo y ya el lenguaje había hecho su trabajo y deshecho el significado del símbolo.
Quizás en este tiempo de Adviento, que apenas iniciamos, convenga considerar la liturgia como ámbito comunicacional…


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