La Compasión: punto de partida de la justicia y la caridad



Por mucho tiempo he hablado en distintos ámbitos del punto de partida para ser solidarios y hacer ejercicio de los valores de la justicia y la caridad, los cuales hacen parte del rico patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia.

Recurriendo a los datos bíblicos he insistido que el actuar de Dios es el criterio para vivir como creyente por eso las expresiones recogidas en el libro de Éxodo, que narran el encuentro de Moisés con el Señor son particularmente significativas si queremos hablar de la compasión. 

El texto del Éxodo es el siguiente:

El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mi y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. Éxodo 3,7-9.

En ese texto me llama la atención cómo Dios no es indiferente a lo que le sucede al pueblo en Egipto, antes bien se deja conmover por la situación y se decide a actuar liberando al pueblo de dicha opresión. Dios se deja afectar (si se puede decir así y asignar a Dios reacciones humanas) por lo que (nos) sucede…

Ese ser afectado es el punto de partida de la compasión. En el latín esta palabra se compone de dos vocablos cum y passio, juntas significan “padecer con”, es decir apunta a la experiencia de sentir y hacer propia la situación de quienes sufren.

En distintas ocasiones he visto un reel en la red social Facebook (le dejo el enlace del video aquí:https://www.facebook.com/share/v/17rjR4Awvu/?mibextid=wwXIfr) donde se habla de la escasa capacidad de dejarnos afectar por lo que sucede a otras personas pues somos indiferentes. En esta época que estamos viviendo nos corresponde dejar la idea muy difundida de que la compasión es una cuestión de los débiles y comenzar a vivirla como punto de partida para una sociedad más justa y solidaria donde la vivencia de la caridad no es “dar lo que sobra” si no certeza de estar haciendo una manera de relacionarnos que incluye, hace vínculos y se anima a vivir en comunidad.

Esa misma compasión la veremos en Jesucristo, en sus palabras y hechos, en sus parábolas y en sus encuentros con las personas, me pregunto: ¿seremos capaces de actuar como Él? ¿Seremos compasivos o más bien preferimos “ver para otro lado?



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