Conversión


Fuente: https://luknia.com/titulo/predicacion-de-san-juan-bautista_mateo/


Esta segunda semana del tiempo de Adviento nos hace una invitación a la conversión.

El texto del evangelista Mateo usa la palabra "Metanoeite" (transliterado del griego) que supone una exhortación o una llamada a un acto, en este caso la conversión. También Mateo dirige las palabras a dos grupos de "creyentes" en Israel: los fariseos y saduceos llamándoles a dar el fruto que la conversión pide...

Pienso que los creyentes tenemos algunos riesgos cuando nos topamos de frente con la palabra conversión o con la orden "conviértanse"... Uno de ellos radica en pensar que este movimiento es exclusivo de algunos momentos particulares del año (Adviento y Cuaresma en particular), otro es pensar que solo se trata de ser "menos malo", y otro pensar que se aplica a los demás y no a mí mismo. 

En particular considero que la conversión, que en su original griego implica cambiar las maneras de pensar, es una actitud vital de todo momento de la existencia, pues al cambiar las maneras de pensar, cambian las formas de actuar -individual y colectivamente, las formas de sentir, y con ello, las formas de vivir en y como personas y en sociedad. Además, creo que la llamada a convertirse es un mandato a transformar todo el ser para vivir la justicia, la caridad, la libertad y de manera veraz cada día de la vida, por lo que supone una transformación total de nuestro ser.

En la perspectiva del Adviento, pero no solo para este tiempo, la conversión es una apertura a la acción del Señor que se acerca, para ser partícipes de su Reinado -prefiero esta palabra que apunta más a un periodo de tiempo y no la de Reino que circunscribe en una ubicación geográfica determinada-, pues el Reinado de Dios dura por siempre y, como decimos en el credo "no tendrá fin". Esa apertura supone dejarse seducir por la propuesta de una vida en plenitud y armonía que se bosquejaba en las lecturas del domingo pasado y en la profecía de Isaías y que los creyentes sabemos realizada en Cristo, y desarrollándose en nuestras vidas, en cada momento y en cada acontecimiento y con cada ser humano que viene a nuestro encuentro (cfr. Prefacio III de Adviento).

Entonces si se trata de llevar adelante la conversión no la volvamos un fruto de nuestro voluntarismo ni una empresa imposible; dejemos que sea el Señor quien nos convierta y en la relación con Él, renovada, profunda y convertida, démonos la oportunidad de ir transformando las maneras de relacionarnos con Dios, con los otros seres humanos, con nosotros mismos y con toda la Creación, a fin de que nos comprometamos a vivir de tal manera que la profecía de Isaías no sea una utopía (un sin lugar) sino que el Adviento nos disponga para que en Cristo podamos percibir la "topía de Dios" (cfr. L. Boff) es decir, el lugar donde Dios se hace presente en toda persona y en los acontecimientos mientras nosotros por la caridad podemos adelantar, viviendo con los mismos sentimientos unos con otros, la presencia del Reinado que el Señor ha inaugurado. 





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