Tasa global de fecundidad a la baja
Este dato es el más bajo registrado en el país, aunque la tendencia a la baja se mantiene desde 2012.
Una reciente publicación “Nuevas Cartografías para Comprender la Costa Rica del Siglo XXI” aborda el tema y señala múltiples causas que conducen a esa tendencia a la baja, entre los factores que inciden se citan aspectos educativos (mayor acceso de las mujeres a mayores niveles de escolaridad), económicos (incorporación de las mujeres a puestos de trabajo), mayor acceso a los métodos anticonceptivos desde la década de los años sesenta del siglo XX y otros de orden cultural.
En el ya lejano 2012, al escribir mi tesis de licenciatura, abordé lo relacionado con la planificación familiar entre católicos no practicantes, esos escritos dieron origen a mi libro ¿Quién yo? Católico a mi manera. La práctica católica diversificada; editado por la Editorial Universidad Estatal a Distancia (EUNED) en 2022. Allí abordo las transformaciones religiosas que plantean un desligue entre los creyentes autodenominados no practicantes y la institucionalidad católica, que incide en una emancipación de los cuerpos y de las mentes.
En las páginas 103 a 105 de mi libro indiqué:
“También, se destaca el hecho de que el método anticonceptivo actual más utilizado es la esterilización femenina (30%), con un aumento del 8,6% respecto del reportado en 1999. Le siguen los anticonceptivos orales con un 21,3% y los anticonceptivos inyectables, que muestran un aumento de 3,6% respecto de la encuesta de 1999; además, se nota la disminución en el uso del DIU, que pasa de 6,9% en 1999 a 3,4% en 2010 y el método del ritmo desciende de 6,0% en 1999 a 1% en 2010; por último, el condón masculino en mujeres en unión registra una disminución de su uso desde 1992 (15,7%), alcanzando un 9% en el 2010.
A la luz de estos resultados, queda claro que los métodos “artificiales” —rechazados por la Iglesia católica— van abriéndose espacio en la vida de las personas y tomando un espacio muy importante en sus decisiones sobre tener o no hijos.
Estas tendencias revelan que las personas ejercen con libertad la decisión de escoger el método anticonceptivo que les resulta más adecuado para sus propósitos de distanciar los nacimientos de hijos o, incluso, evitar que nazcan. Además, de acuerdo con los resultados obtenidos, queda claro que hoy en día la gran mayoría de las mujeres se muestra renuente a seguir lo que ordena la Iglesia católica en materia de contracepción.
Al contrastar lo que enseña y ordena la Iglesia —institución que considera pecaminosas las acciones orientadas a evitar la procreación— con lo que hacen los católicos no practicantes —usar el condón y las pastillas— y lo que dicen —no se afecta la relación con Dios—, es evidente la existencia de un conflicto o tensión con la oficialidad de la Iglesia, que persiste en defender ideas y posturas que, aun cuando las personas se definen como católicas, no están dispuestas a seguir. Lo más interesante, detrás de esta postura asumida por los católicos no practicantes es que, al no apegarse a las normas mandadas por la Iglesia, se percibe un proceso de emancipación de las mentes respecto de las creencias católicas en torno a la procreación y respecto de los pecados asociados a las prácticas sexuales. En otras palabras, las personas se sienten libres de tener relaciones sexuales sin preocuparse de un posible embarazo—, pues insisten en que el uso de los métodos anticonceptivos, aun sopesando los riesgos que pudieran tener, es un asunto de decisión, de autonomía y de responsabilidad personal. Este doble proceso de emancipación de los cuerpos y de las almas es, sin duda alguna, una muestra clara del debilitamiento de la fuerza coercitiva de la religión católica en sus seguidores, quienes ahora, a diferencia de otras épocas, se sienten capaces de asumir libremente y sin culpa sus decisiones.
Las decisiones personales, además, se toman en un ámbito totalmente autónomo respecto a lo que la Iglesia considera correcto, lo cual refleja un distanciamiento cada vez más marcado respecto de la visión antropológica que enseña la Iglesia. Este distanciamiento, que opera tanto en el sentido de la sexualidad, conlleva dejar de aparejar la procreación al acto matrimonial” (Solano, 2022).
Así en los factores “culturales” también hay factores religiosos que inciden en las decisiones de las personas para que la tasa de fecundidad siga a la baja… y los anatemas no detendrán esa tendencia, ni tampoco transformarán los desafíos que tenemos como sociedad en cuanto a la seguridad social, las pensiones, el envejecimiento de la población y otras tantas situaciones que requieren de nuestra atención.


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